Acabamos en
pijama, comiendo todas de la tarrina enrome que Anna había comprado por la
mañana, mientras jugamos a un juego del que no sabría su existencia de no ser
por Cris y la vez que me obligó a leerme la trilogía de Canciones para Paula. -¿A quién le vendrían bien unos cuantos chupitos?-grita Cristina,
sacando una botella de vodka rojo de su mochila. Todas sonreímos, lo que le
sirve de señal para abrir la botella-. ¿Jugamos al yo nunca he…?
-Vale, pero
empieza la que ha tenido la idea-digo, pensando ya en la resaca que tendré al
día siguiente. De repente se me pasa una imagen por la mente: misma casa,
mismas personas pero un intruso, mismo vodka y mismas palabras….Laura tienes
que dejar de pensar en él y ponerte en serio ya a disfrutar de tu noche con tus
amigas.
–Está bien. Yo nunca he
llegado borracha a casa-dice, a mala intención. Sabe perfectamente que más de
una vez he llegado achispada a casa pero no sé si eso cuenta. Cristina parece
ver la interrogación en mis ojos, así que añade-. Aunque haya sido solo ligeramente
achispada.
Con una enorme sonrisa vierto el contenido de la botella en el tapón y me
lo bebo. Está sorprendentemente bueno y sigue teniendo ese sabor que a mí me
encanta, por lo que estoy deseando que alguna tenga esa mala idea para poder
seguir bebiendo.
–Me
toca-dice Anna, pensativa-. Yo nunca he deseado al novio de una de las
presentes.
–Apuesta fuerte la
chiquilla-comenta Sara. Sorprendiendo a todos coge el tapón de la botella, vierte un poco en él y
se lo bebe de un trago. Todas nos quedamos a cuadros. Yo pensaba que nadie iba a hacer nada,
pero ver a Sara me preocupa bastante.
-¿A quién has deseado tú, guarrilla?-pregunto, intentando quitarle un
poco de hierro a la situación. –Es que Mario Gómez a los siete años era guapísimo-se excusa Sara,
sonriendo mientras a todas se nos escapa un sonoro suspiro de alivio. Mario
Gómez fue el “novio formal” de Cristina cuando ambos tenían cinco años y el de
ahora de Anna. –Eeh, que es mío, solo mío-protesta la chica, sonriente-. No me obligues
a tener que contárselo a Carlos-es el novio de Sara, además de mi primo mayor.
Tiene veintidós años y está estudiando Filología Inglesa en Cambridge.
–Se moriría de la risa, sinceramente-responde esta-. Bueno, es mi turno.
Yo nunca he querido tirarme al profesor de Química. Esta vez somos Cris y yo las que bebemos. –
¡Pero si es un orco de Mordor!-protesta Anna, asqueada. –Buah, eso tiene fácil solución. Le pongo una bolsa del Mercadona en la
cabeza mientras follamos y ya está-digo, sin poder dejar escapar una sonora
carcajada. –También es buen argumento, pero yo me inclinaría más por la luz
apagada…no vaya a ser que se nos muera y entonces yo no podría
follarmelo-comenta Cristina. –Estáis más salidas que el pico de una mesa, madre mía-dice Sara mientras
sonríe.
–Mi
turno. Yo nunca he sido una paranoica al pensar que mi novio no me responde al
móvil y que me está engañando-digo, perdiendo la sonrisa. Mis
tres amigas le pegan unos buenos tragos a la botella. -¿Ves? No eres buena novia si no haces más que pensar en eso-me dice
Anna. –Aún así…no quiero que me deje-cada vez me estoy empezando a entristecer
más y más.
–Es
que como tan solo se atreva a pensarlo vamos y le matamos-dice Cristina. El ambiente se ha entristecido desde mi comentario así que Sara toma una
decisión drástica: me vierte los cuatro dedos de vodka que quedaban en la
botella en un vaso.
–A ver si el vodka hace que te dejes de
deprimir de una vez-me dice. –Tienes una suerte de que hoy no haya nada abierto por aquí cerca….-me
dice Anna. –Necesitas fiesta para
alegrar ese cuerpo-comenta Cristina-. Aunque yo me inclino más por dormir un
poco. Ven anda, si quieres me tumbo
contigo en el colchón de abajo.
Estoy
muerta de sueño y deprimida así que lo mejor que puedo hacer en estos momentos
es meterme en la cama o en el sillón…así que le agradezco el comentario a
Cristina con una enrome sonrisa de las mías.
Ambas
nos dirigimos a la habitación de invitados, que es en la que solemos dormir dos
de nosotras cuando montamos estas fiestas de pijamas en casa de Anna, siempre
aprovechando que sus padres los fines de semana se van al pueblo. –Laura, sé lo que es esta sensación porque a mí me ha tocado vivirla
muchas veces con Jorge-Su novio. Llevan juntos cuatro años- y sé que no es
agradable así que hazte un favor a ti misma y trata de pensar en las cosas
buenas que tiene tu vida, como nosotras por ejemplo, que sabes que no te vamos
a abandonar en la vida-me dice, mientras me recoge el pelo en una tranza baja y
me ayuda a sacarme el ceñido vestido negro.
Me tumbo
silenciosamente sobre la cama, arropándome el cuerpo, apenas cubierto por la
ropa interior. Cristina se tumba justo a mi lado y me rodea con un brazo. –Estoy aquí, contigo, así que tranquila. Buenas noches princesa-me dice,
acompañando las palabras con un suave
beso en la mejilla.
martes, 16 de julio de 2013
lunes, 1 de julio de 2013
Esto son unos cuantos párrafos de la historia que estoy escribiendo. Espero críticas, tanto buenas como malas :)
Capítulo
1.
No me puedo creer
que esto me esté pasando a mí, llevábamos días pensando en esta noche. Pero aquí estoy,
sentada en un banco, esperándole desde hace una hora como mínimo. Encima el muy
capullo ni siquiera me responde a los WhatsApps...tengo motivos para estar mosqueada.
Para colmo, hoy es
uno de esos días locos de verano y hace frío. Aún sigo sin poder creerme que
estando a veinte de junio haga este inusual frío y en serio que no me hace ni
puñetera gracia estar sola en un banco en mitad de un parque, medio temblando
gracias al frío que traspasa la suave tela de mi vestido negro, con un dolor de
pies que no puedo con él gracias a mi inteligencia de estrenar botines de tacón
nuevos y un mosqueo alucinante.
En serio, voy a
explotar. Miro el reloj una última vez y me levanto decidida a marcharme de
allí lo más rápido que me permiten mis taconazos. -De
esta te acuerdas-murmuro bajito, para que solo me pueda oír yo misma.
Me dirijo
lentamente hacia mi pequeño Fiat 500 y me monto en él, no sin antes derramar
una estúpida lágrima.
La carretera hasta llegar a casa de Anna está anormalmente desierta,
cosa extraña en un sábado por la noche en pleno centro de la ciudad. De
cualquier manera es mejor que estar en pleno atasco, porque así puedo llorar
todo lo que me dé la gana sin tener a conductores cotillas viéndome la cara a
cada segundo, así que aprovecho para derramar alguna que otra lagrimilla,
siendo completamente consciente de que eso se acabaría en cuanto cruzara el
umbral del piso de una de mis mejores amigas. Desgraciadamente este momento
llega demasiado pronto y no soy incapaz de prepararme para lo que se me avecina,
así que salgo del coche con la cara roja pero con el maquillaje intacto (debe
de ser un milagro del Santísimo porque otra explicación no hay debido a la
cantidad de lágrimas que he derramado) y llamo al telefonillo. Mis
tres mejores amigas me estaban esperando en la quinta planta de un edificio
antiguo en pleno centro de la ciudad, con el pijama y un cuenco de palomitas. Se
nota demasiado que llevan toda la noche esperando que apareciera.
-¡¡Aleluya!! Nuestra pequeña afortunada ha llegado al fin-se me lanza la
más alta de las tres, aunque quizá por medio centímetro. Lleva su larga y
rizada melena recogida en una coleta alta y sus saltones ojos azules me miran
inquisitiva, como los de las otras dos chicas que están detrás de ella
esperando una respuesta convincente a lo ocurrido esta noche. –Sí,
pero vuestra pequeña afortunada no trae buenas noticias, Sara-digo, entrando al
piso y tirándome literalmente en el sofá. La más bajita
de las tres se me acerca, dejando sus enormes ojos azules a menos de un
milímetro de los míos y su larga cabellera rubia haciéndome cosquillas.
-¿Por qué estás llorando?-me pregunta, sentándose a mi lado,
preocupada-. Sabes que todo se lo puedes contar a tu pequeña gocha madre, alias
Anna, ¿no?
–No ha aparecido, no me contesta al móvil y mucho menos a los WhatsApps
que le envío-respondo, conteniendo un sollozo, pero eso fue algo imposible así
que simplemente me dejo ir y acabo llorando a moco tendido.
-¡¿Qué ha hecho QUÉ?!-me pregunta Cristina, mientras me abraza contra su
pecho y su trenza castaña y rizada me tapa el rostro. Cuando nota que me he
calmado un poco más, me hace mirarla a sus ojazos verdes-. Va a morir, te lo
juro. –Ojalá eso fuera tan sencillo-digo,
entre lágrimas-. Da igual, sinceramente me da exactamente igual lo que haga o
deje de hacer con su vida, es suya al fin y al cabo; así que quiero que
olvidemos lo que ha pasado. Mis
tres amigas me miran como si estuviera loca.
–Laura, ¿en serio piensas que nos vamos a tragar esta locura?-me dice Sara-.
Si no te importara lo más mínimo, sabes perfectamente que no tendrías la cara
así, no habrías llorado y nosotras ni nos habríamos dado cuenta de lo que de
verdad pasa aquí así que no nos mientas. –Es
hora de que empieces a recibir todo el cariño que en estos cinco años no nos
has dejado que te demostremos-dice Anna.
–¡¡¡¡PIÑA!!!!-grita
Cristina, antes de que se me lancen las tres encima.
A ver, tan solo soy una chica que está tratando de cumplir un sueño. Muchos pensaréis que estoy loca y que me aburro mucho, o que soy demasiado ingenua como para que esto vaya a funcionar, pero quiero tener fe en que esto va a ir bien.
Simplemente me gustaría que al menos leyerais esto poquito y dierais vuestra opinión, tanto si es positiva como negativa. Solamente os pido que si no os gusta comentéis el por qué y yo trataré de cambiarlo y hacerlo mejor.
Gracias por pasaros al menos :)
Simplemente me gustaría que al menos leyerais esto poquito y dierais vuestra opinión, tanto si es positiva como negativa. Solamente os pido que si no os gusta comentéis el por qué y yo trataré de cambiarlo y hacerlo mejor.
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