Capítulo
1.
No me puedo creer
que esto me esté pasando a mí, llevábamos días pensando en esta noche. Pero aquí estoy,
sentada en un banco, esperándole desde hace una hora como mínimo. Encima el muy
capullo ni siquiera me responde a los WhatsApps...tengo motivos para estar mosqueada.
Para colmo, hoy es
uno de esos días locos de verano y hace frío. Aún sigo sin poder creerme que
estando a veinte de junio haga este inusual frío y en serio que no me hace ni
puñetera gracia estar sola en un banco en mitad de un parque, medio temblando
gracias al frío que traspasa la suave tela de mi vestido negro, con un dolor de
pies que no puedo con él gracias a mi inteligencia de estrenar botines de tacón
nuevos y un mosqueo alucinante.
En serio, voy a
explotar. Miro el reloj una última vez y me levanto decidida a marcharme de
allí lo más rápido que me permiten mis taconazos. -De
esta te acuerdas-murmuro bajito, para que solo me pueda oír yo misma.
Me dirijo
lentamente hacia mi pequeño Fiat 500 y me monto en él, no sin antes derramar
una estúpida lágrima.
La carretera hasta llegar a casa de Anna está anormalmente desierta,
cosa extraña en un sábado por la noche en pleno centro de la ciudad. De
cualquier manera es mejor que estar en pleno atasco, porque así puedo llorar
todo lo que me dé la gana sin tener a conductores cotillas viéndome la cara a
cada segundo, así que aprovecho para derramar alguna que otra lagrimilla,
siendo completamente consciente de que eso se acabaría en cuanto cruzara el
umbral del piso de una de mis mejores amigas. Desgraciadamente este momento
llega demasiado pronto y no soy incapaz de prepararme para lo que se me avecina,
así que salgo del coche con la cara roja pero con el maquillaje intacto (debe
de ser un milagro del Santísimo porque otra explicación no hay debido a la
cantidad de lágrimas que he derramado) y llamo al telefonillo. Mis
tres mejores amigas me estaban esperando en la quinta planta de un edificio
antiguo en pleno centro de la ciudad, con el pijama y un cuenco de palomitas. Se
nota demasiado que llevan toda la noche esperando que apareciera.
-¡¡Aleluya!! Nuestra pequeña afortunada ha llegado al fin-se me lanza la
más alta de las tres, aunque quizá por medio centímetro. Lleva su larga y
rizada melena recogida en una coleta alta y sus saltones ojos azules me miran
inquisitiva, como los de las otras dos chicas que están detrás de ella
esperando una respuesta convincente a lo ocurrido esta noche. –Sí,
pero vuestra pequeña afortunada no trae buenas noticias, Sara-digo, entrando al
piso y tirándome literalmente en el sofá. La más bajita
de las tres se me acerca, dejando sus enormes ojos azules a menos de un
milímetro de los míos y su larga cabellera rubia haciéndome cosquillas.
-¿Por qué estás llorando?-me pregunta, sentándose a mi lado,
preocupada-. Sabes que todo se lo puedes contar a tu pequeña gocha madre, alias
Anna, ¿no?
–No ha aparecido, no me contesta al móvil y mucho menos a los WhatsApps
que le envío-respondo, conteniendo un sollozo, pero eso fue algo imposible así
que simplemente me dejo ir y acabo llorando a moco tendido.
-¡¿Qué ha hecho QUÉ?!-me pregunta Cristina, mientras me abraza contra su
pecho y su trenza castaña y rizada me tapa el rostro. Cuando nota que me he
calmado un poco más, me hace mirarla a sus ojazos verdes-. Va a morir, te lo
juro. –Ojalá eso fuera tan sencillo-digo,
entre lágrimas-. Da igual, sinceramente me da exactamente igual lo que haga o
deje de hacer con su vida, es suya al fin y al cabo; así que quiero que
olvidemos lo que ha pasado. Mis
tres amigas me miran como si estuviera loca.
–Laura, ¿en serio piensas que nos vamos a tragar esta locura?-me dice Sara-.
Si no te importara lo más mínimo, sabes perfectamente que no tendrías la cara
así, no habrías llorado y nosotras ni nos habríamos dado cuenta de lo que de
verdad pasa aquí así que no nos mientas. –Es
hora de que empieces a recibir todo el cariño que en estos cinco años no nos
has dejado que te demostremos-dice Anna.
–¡¡¡¡PIÑA!!!!-grita
Cristina, antes de que se me lancen las tres encima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario